Pero a los cincuenta y dos años, incluso Claire comenzaba a cansarse de esperar.
Sus amigas más cercanas —Vanessa, Laura y Michelle— nunca perdían la oportunidad de bromear con ella.
—¿Una virgen de cincuenta y dos años? Eso ya es casi histórico.
—Si yo tuviera tu cuerpo, habría olvidado lo que significa la palabra “virgen” hace años.
Claire se reía con ellas.
Luego volvía a casa y se preguntaba si quizá tenían razón.
Fue entonces cuando apareció Adam.
Tenía cincuenta y cinco años, era tranquilo, divorciado y completamente diferente de los hombres que Claire había conocido antes.
La escuchaba.
Nunca la apresuraba.
Después de su primera cita, ni siquiera le pidió entrar en su casa.
Y la primera vez que la besó, se detuvo y preguntó en voz baja:
—¿Quieres que continúe?
Claire no pudo dormir aquella noche.
Porque por primera vez, el beso de un hombre no la había hecho sentirse presionada.
Le había hecho desear más.
Durante las semanas siguientes, ese deseo fue creciendo.
Cuando la mano de Adam descansaba suavemente sobre su espalda, Claire sentía reaccionar todo su cuerpo. A veces era ella quien hacía que sus besos duraran más.
Y después, cuando estaba sola en casa, finalmente se admitía a sí misma:
—Lo deseo.
A los cincuenta y dos años, por primera vez en su vida, Claire estaba preparada para dejar de ser virgen.
Tres meses después, Adam la llevó a cenar a un pequeño hotel a las afueras de la ciudad.
Claire sabía que había habitaciones en los pisos de arriba.
Y por primera vez no pensaba escapar.
Después de cenar, Adam la besó.
Claire cerró los ojos y se acercó más.Adam le tomó la mano.
—¿Estás segura?
Los ojos de Claire se llenaron de lágrimas.
—Sí.
Después de cincuenta y dos años esperando, finalmente quería que Adam fuera su primer hombre.
Entonces el teléfono de él vibró sobre la mesa.
Claire miró la pantalla por casualidad.
Era Vanessa.
El mensaje decía:
“¿Nuestra virgen de 52 años por fin cedió? Recuerda el trato: si esta noche eres el primero, ganas.”
Claire se quedó paralizada.
Adam agarró rápidamente el teléfono.
—Claire, puedo explicarlo.
Ella se apartó.
—¿Hiciste una apuesta sobre mi virginidad?
Adam no dijo nada.
—¿Llevas tres meses mintiéndome?
Finalmente, él susurró:
—Al principio… sí.
Los ojos de Claire se llenaron de lágrimas.
Solo unos minutos antes había estado preparada para confiarle la decisión más íntima de toda su vida.
Ahora ni siquiera quería que se acercara a ella.
Agarró su bolso.
Pero antes de que abriera la puerta, Adam dijo:
—Hay algo que Vanessa nunca te contó.
Claire se volvió.
—¿Qué?
Adam parecía aterrorizado.
Entonces dijo:
—La apuesta no era solamente sobre si yo podía convertirme en tu primer hombre. Una de tus tres amigas añadió algo mucho peor al trato… y si te marchas ahora, quizá nunca descubras por qué me eligieron a mí en primer lugar.
Claire se quedó inmóvil.
¿Qué habían organizado en secreto sus amigas más cercanas con un desconocido acerca de su virginidad, y qué seguía teniendo demasiado miedo Adam de contarle?
No pude incluir el resto de la historia aquí. En el primer comentario compartí lo que las amigas más cercanas de Claire habían planeado a sus espaldas, por qué Adam había aceptado realmente conocer a una virgen de 52 años y lo que finalmente confesó cuando Claire ya estaba junto a la puerta, lista para abandonarlo para siempre. Lo que sucedió después cambió por completo lo que ella creía sobre él, sobre sus amigas y sobre la promesa que había protegido durante más de cincuenta años. Lee la continuación abajo 👉👉‼️‼️⬇️⬇️
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PARTE 2
Claire no se fue.
