—Yo también.
—Pensé que iba a enseñarte una infidelidad.
—Yo también.
Nos reímos.
Después de cerrar la puerta miré la mesa donde Arturo había levantado aquella copa.
Durante años pensé que lo humillante había sido escuchar a mi esposo brindar porque yo “sabía cuál era mi lugar”. Después entendí que él conocía perfectamente mi valor. Lo había medido, fotografiado, convertido en procesos y presentado frente a otras personas. Lo que no sabía era reconocerlo mientras seguía siendo mío. Y ésa fue la diferencia que terminó nuestro matrimonio: Arturo no creía que mi trabajo no valiera nada. Creía que empezaría a valer de verdad cuando pudiera separarlo de mí y ponerle otro nombre.
MI ESPOSO INVITÓ A SUS AMIGOS A CENAR Y
