—Es la mochila que cogí cuando volviste a por mí.
Marcus se quedó quieto en el umbral.
Antes de cerrar la puerta de su habitación, Lily levantó la mirada hacia él y pronunció cinco palabras que lo golpearon con más fuerza que cualquier traición o documento judicial:
—Sabía que ibas a volver.
Aquellas palabras siguieron resonando en la mente de Marcus mientras salía a la terraza.
Bajo la luz de la luna, el océano se extendía oscuro e inmenso.
Durante meses había pensado que aquella pesadilla trataba de una propiedad valorada en millones, de un contrato fraudulento y de una mujer que se había infiltrado en su vida por codicia.
Pero bajo las estrellas comprendió que la casa, el dinero y los criminales siempre habían sido secundarios.
Todo había comenzado con una niña de 6 años abrazándose a la cintura de su padre junto a la puerta de casa, reuniendo todo el valor que tenía para susurrarle:
—Papá, no te vayas hoy.
Y todo cambió en el instante en que él decidió escucharla
