Porque, de repente, esto ya no era solo un secreto familiar.
De alguna manera…
De alguna manera, la familia de Julian estaba relacionada.
Llamaron a la puerta.
Los dos nos quedamos paralizados.
No esperaba a nadie.
Él tampoco.
Otro golpe.
Lento.
Adrede.
Caminé hacia la puerta.
“¿Quién es?”
Por un momento, no hubo respuesta.
Entonces se oyó una voz femenina desde el otro lado.
Una voz más antigua que la de la grabación.
Pero familiar.
Una voz que había estado imaginando durante quince años.
“Emma.”
Todo mi cuerpo se quedó inmóvil.
Julian me miró.
El color desapareció de su rostro.
Porque él también reconoció la voz.
La mujer continuó.
“Sé que tienes preguntas.”
Mi mano se movió hacia la puerta.
Mi corazón latía con fuerza.
—¿Quién eres? —susurré.
Una pausa.
Entonces:
“Soy la mujer a la que tu padre pasó quince años intentando que olvidaras.”
Mis dedos tocaron el mango.
