A los 52 años, seguía siendo virgen. Aquella noche, por primera vez, quiso que un hombre se quedara… hasta que un mensaje en su teléfono reveló por qué había sido tan paciente durante tres meses

Claire sonrió.

Había pasado cincuenta y dos años creyendo que lo más importante era proteger su virginidad del hombre equivocado.

Con el tiempo comprendió algo más profundo.

Lo importante nunca había sido cuánto tiempo permaneciera virgen.

Lo importante era que, cuando finalmente decidiera dejar de serlo, la decisión fuera completamente suya.

¿Y Vanessa?

Claire nunca volvió a ser su amiga.

Porque algunas traiciones pueden perdonarse.

Pero eso no significa que la persona que te traicionó tenga derecho a ocupar un lugar en tu vida después.