La mujer estaba convencida de que ya estaba en el octavo mes de embarazo y acudió a una ecografía de rutina. Pero cuando el médico miró la pantalla, sus ojos se abrieron de par en par por el horror.
En los últimos meses, la mujer apenas dudaba de que pronto sería madre. Su vientre había ido creciendo, su peso aumentaba, su ropa le quedaba ajustada y por las mañanas solía sufrir fuertes náuseas.
Todo había empezado unos ocho meses antes.
La mujer estaba convencida de que ya estaba en el octavo mes de embarazo y acudió a una ecografía de rutina. Pero cuando el médico miró la pantalla, sus ojos se abrieron de par en par por el horror.
Compró un test de embarazo en la farmacia y, al ver el resultado positivo, rompió a llorar de alegría. Para asegurarse del todo, unos días después se hizo otra prueba.
El resultado volvió a ser positivo.
A partir de entonces, apenas le quedaron dudas. Poco a poco aparecieron otros síntomas: debilidad, somnolencia, cambios de humor y extrañas alteraciones del apetito. A veces se encontraba tan mal por las mañanas que no podía comer durante horas.
Y entonces empezó a crecerle el vientre.
Eso sí, el embarazo transcurría de forma un tanto atípica. La mujer había aplazado varias veces una revisión completa. Primero por el trabajo, luego por asuntos familiares. Además, sentía extraños movimientos dentro de su vientre.
