La mujer estaba convencida de que ya estaba en el octavo mes de embarazo y acudió a una ecografía de rutina. Pero cuando el médico miró la pantalla, sus ojos se abrieron de par en par por el horror.

A la mujer le empezaron a temblar las manos.

Ocho meses había vivido con la idea de tener un hijo. Y ahora el médico le decía que nunca hubo ningún bebé.

— ¿Es un tumor? —preguntó con voz apenas audible.

— Existe esa sospecha, pero con una sola ecografía no se puede determinar con exactitud de qué tipo es. Necesitamos hacer más pruebas urgentemente. Si los resultados confirman mis temores, necesitará una operación.

Ese mismo día le hicieron más pruebas y análisis. Los resultados confirmaron lo que el médico sospechaba: en su interior había una masa enorme que, en pocos meses, había crecido tanto que externamente podía confundirse con un embarazo avanzado.

Los médicos programaron la cirugía lo antes posible.